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«Educación
de calidad o educación de cantidad»

30/09/2005
Jorge Gozalo González

Los políticos
suelen servirse de los datos estadísticos para convencer
a los ciudadanos -y a veces votantes- de lo bien que lo hacen
ellos y lo mal que lo hacen o hicieron los otros. Cuando se
recurre a las estadísticas para demostrar algo suele
ser porque los ciudadanos no percibimos realmente lo que se
pretende demostrar. Así, se convierte en una obsesión
el demostrar estadísticamente la verdad infalible del
crecimiento económico, descenso del desempleo, kilómetros
de autovías, etcétera. Y si los datos no son buenos,
se comparan con los datos de los países o regiones que
están peor, que así es como se consuela a los
tontos, con los males de muchos.

Sarcásticamente,
se suele definir a la estadística como esa ciencia en
la que una persona come un pollo, otra no come nada y cada uno
de estos dos estómagos, estadísticamente, tocan
a medio pollo… Un tema tan importante para el desarrollo de
una sociedad como es la educación suele prestarse a este
tipo de juegos estadísticos: días de clase, ordenadores
por alumno, contratación de profesores, alumnos que superan
la selectividad, etc.

Las estadísticas
en ocasiones enmascaran la realidad. Según el último
censo, en Alemania había 587 televisores por cada 1.000
habitantes, y en España 558. ¿Este dato demuestra
la convergencia real con nuestros socios europeos! -dirían
algunos-. Pero mirando los anuarios estadísticos un país
sorprende: Qatar. A pesar de sus riquezas petrolíferas,
su calidad de vida, difícil de medir en las estadísticas,
debe de estar muy alejada de la de la Unión Europea.
Y así es, pero curiosamente Qatar tenía 896 televisores
por cada 1.000 habitantes.

Desde hace
algunos años da la impresión de que los políticos
están obsesionados con que la convergencia con la Unión
Europea se alcance a toda costa, y claro, mejorar unas estadísticas
puede resultar rápido y hasta barato. Por ejemplo, desde
el Ministerio de Educación y las Comunidades Autónomas
se ha pretendido equipararnos a Europa en el número de
días lectivos. Es muy fácil, se decreta y por
arte de magia «estamos en la media europea», ¿tenemos
un calendario escolar con más días que los alemanes!
O se nos moderniza a base de ordenadores, ¿tenemos más
ordenadores en los institutos que los nórdicos! Ahora
bien, la percepción negativa que la sociedad tiene de
nuestro sistema educativo y del retroceso en la cultura de los
alumnos, no puede cambiarse por decreto y entrar en vigor al
día siguiente de su publicación en el BOE. Pero
paradojas de la estadística, y de su uso político,
el informe de PISA pone a España en su sitio: la calidad
de nuestro sistema educativo está muy por debajo de la
media europea.

La sociedad
pensará que los profesores nos quejamos del calendario
escolar porque nos da en nuestras vacaciones. Pobre análisis
éste. El problema está en que realmente no se
destinan recursos serios a la educación, inversión
de futuro de toda sociedad moderna. Se ha apostado por una educación
de cantidad, de datos, de forma y no de fondo. Ministerio de
Educación o Consejerías, PSOE o PP, da igual,
todos han seguido la misma política educativa basada
en la demagogia de alcanzar el deseado dato que nos iguale a
Europa, el camino rápido y poco sólido de la estadística,
de las leyes y decretos sin presupuesto.

No se ha
apostado por la calidad, por el éxito a largo plazo para
toda una sociedad, como hacen los países serios. La receta
es muy fácil, habrá que tomar lo que hacen los
países mejor parados en el informe PISA: ratios profesor-alumno
bajas (con la metodología que exige la ley no se puede
trabajar con 30 alumnos por grupo); atención personalizada
a los alumnos rezagados y con pendientes; más profesorado
especializado para los alumnos con necesidades educativas especiales;
mayor participación de los padres en la educación
de sus hijos; más actividades complementarias y extraescolares,
y un largo etcétera de soluciones. En definitiva, mucho
más dinero para la educación, dato que se les
suele pasar a los políticos: estadísticamente,
España es de los países que menos invierte en
educación de la Unión Europea.

Empezamos
un curso que durará desde el 12 de septiembre hasta el
23 de junio cuando hace no pocos años se comenzaba y
acababa en la primera semana de octubre y junio respectivamente.
Tenemos más días lectivos pero en estos años
el nivel de los alumnos y la calidad del sistema han descendido
a niveles preocupantes. Los profesores comenzamos con ilusión
y ganas, pero frustrados porque el sistema educativo no responde
a las necesidades reales. Quizá la solución no
esté en la cantidad de días de clase, sino en
la calidad con que se dan esas clases; pero la calidad es muy
difícil de cuantificar y lo que los políticos
quieren son números. El dato fácil, como el de
los ordenadores por alumno, sirve para rellenar anuarios, memorias
y discursos, y el estiramiento del calendario para contentar
a las asociaciones de madres y padres, pero ¿saben los
políticos y los padres cómo salen sus hijos del
sistema educativo? Quizá da igual. Una apuesta decidida
por la educación hoy, daría sus frutos en veinte
años… ¿qué político mira más
allá de las próximas elecciones?, ¿qué
padres miran más allá de qué hacer con
el niño el día que no hay cole? Pero a fin de
cuentas ya no tenemos analfabetos, o eso dicen las estadísticas.


JORGE GOZALO GONZÁLEZ es profesor de Instituto

HOY