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«La
incertidumbre del interino»

02/09/2016 Jose Antonio Molero Cañamero
Delegado del Sindicato PIDE

Interino/a:
«Dícese del que ejerce un cargo o empleo por ausencia
o falta de otro». Del latín Interim: «Entre
tanto, en el intervalo, a veces».

Una
vez más el diccionario de la Real Academia de la Lengua
Española da una definición acertadísima
de una situación laboral. Pero tanto el diccionario de
la Real Academia como la administración educativa obvian
un aspecto fundamental en esta descripción: El factor
humano.

Se
olvidan de la persona que ejerce ese empleo, de la problemática
que conlleva trasladarse de un día para otro a una localidad
distinta a la tuya. Se olvidan de que algunos son padres o madres,
de que tienen familia, de que de ellos dependen otras personas.

La
incertidumbre asoma con la llegada del verano, corroe al interino,
es como la espada de Damocles «¿trabajaré
o no trabajaré el próximo año?»,
«¿dónde me enviarán?», «¿cuándo
me incorporaré?», «¿podré renunciar?»,
«¿qué hago con mis hijos?, ¿me los
llevo o se los dejo a los abuelos?»… y así cientos
de preguntas pasan por la mente del interino.

Incorporarse
a un nuevo puesto de trabajo implica muchos cambios, muchas
decisiones por tomar, algunas de ellas de manera precipitada.
El suplicio comienza leyéndose las bases de la convocatoria,
intentando comprenderlas. Para ello ves los vídeo-tutoriales
en internet sobre cómo rellenar la instancia. El sufrimiento
continúa cuando cumplimentas la solicitud de destinos,
siempre con un mapa delante pues a modo de tortura has de conocer
de antemano las distancias desde cada uno de los pueblos y ciudades
de Extremadura hasta tu casa.

Luego
te planteas una posible renuncia para lo que necesitas saber
qué van a elegir los que están por delante y detrás
de ti en las listas, te lanzas y lo preguntas en el foro, pero
la gente prefiere no comentar sus decisiones… y después
de todo este martirio te comunican que tienes que incorporarte
tal o cual día en ese pueblo que te suena pero, así
por lo pronto, no sabes por dónde cae.

En
fin… un largo camino poco saludable para el estado de
ánimo de un trabajador temporal que en más de
una ocasión hace que se cuestione su vocación
a pesar de que para llegar hasta aquí ha tenido que invertir
mucho tiempo, esfuerzo y dinero.

La
administración educativa se ha convertido en una gran
gestora de interinos. La cantidad de estos es desmesurada.

Pero
como administración debe tener la sensibilidad de que
sobre todos ellos existe una carga angustiosa de lo que vendrá,
tanto para los que trabajan como para los que no, para los que
se incorporan próximamente o para los que esperan a ser
llamados. Y todo esto a corto plazo, pues mirando hacia el futuro
la incertidumbre se multiplica ante la limitada oferta pública
de empleo, ante la posibilidad de que sus especialidades no
estén incluidas en la futura convocatoria de plazas docentes.

Todo
este gran problema tendría una fácil solución
que sería cumplir la normativa en cuanto al número
de interinos, dicho cupo se sitúa entre el 7% y el 10%
del personal y no del 30-35% que hay en la actualidad. También
ayudaría un decreto de interinos adaptados a la realidad
educativa extremeña, con una zonificación adecuada,
con un respeto por las oposiciones aprobadas sin plaza, por
la experiencia del trabajador… por una serie de factores
que busquen la estabilidad de estos trabajadores.

Y
a todo esto, me pregunto si el informe Pisa dirá algo
con respecto a este sufrido colectivo. Ah… no, del negocio
de los interinos se encargan otros. Pero eso lo dejaremos para
otro día.

El
Periódico Extremadura