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«Máscaras
de lo real»


31/12/2002
Emilia
Oliva.

PARECE no ser habitual
entre los jóvenes el entusiasmo por los estudios. Es
opinión que nadie se atrevería a contradecir tajantemente.
Sospecho que lo contrario -el interés manifiesto de nuestros
estudiantes por el estudio- tampoco es actitud erradicada del
planeta, pero no sé si me atrevería a defenderlo
en algún foro público, ya que si bien es habitual
o frecuente, ni prensa ni estudios estadísticos dan cuenta
de ese entusiasmo en algún porcentaje de nuestros jóvenes.
Y ya sabemos que lo que no sale en prensa no existe. De ahí
que si hemos de acabar creyendo que los burros vuelan, el primer
paso que hay que dar es que lo diga la prensa. Lo que sale en
prensa, va a misa, según traducción libre de las
declaraciones del presidente Bush hace unos días. Si,
además, la noticia se transmite como un eco de un medio
a otro, de a poco y sin mayor magia, la mentira repetida se
transmuta en verdad consabida y, a partir de entonces, los científicos
del planeta se tienen que poner a averiguar la causa de la extraordinaria
metamorfosis, la del burro que vuela, digo. Lo que no podía
sospechar -porque no es obligación de la prensa publicarlo-
es que se estudiara la ‘Construcción periodística
de la realidad’ en la licenciatura de Comunicación Audiovisual.
Lo que una sí sospecha es que la realidad no es una y
que intereses diversos imponen una cierta realidad, cuando no
amañan una a medida.

Mi amigo Manuel,
que estudia Comunicación Audiovisual, apiadado tal vez
por el callejón sin salida al que parece que me han abocado
los diplomas y la experiencia profesional que poseo (que en
ningún modo es responsabilidad de autoridad sindical
o educativa alguna) me invita a que cambie de aires (en Andalucía
no te pasarían estas cosas) y dedique mis energías
a estudiar la ‘construcción periodística de la
realidad’, que te va a entusiasmar, ya lo verás.

Y heme aquí,
como de costumbre, siguiendo los consejos de los amigos a medias,
que es como hay que seguirlos y no a pie juntillas, echándoles
después el muerto si el resultado defrauda las expectativas.
Para qué te haría yo caso. Como aprecio a los
amigos que tengo, procuro evitar los tropiezos que podrían
poner la relación en peligro. Por ello, y como propósito
para el año nuevo, me he impuesto seguir parcialmente
el consejo de Manuel y analizar la ‘construcción periodística
de la realidad’ cada vez que se ponga a tiro la cosa. Empiezo.

Por ejemplo, achacar
a PIDE (como hace el señor Adrián Vivas en la
entrevista del HOY del 22 de diciembre), las descalificaciones,
insultos y amenazas que se han producido durante las elecciones
sindicales de la región sin molestarse en precisar que
fue precisamente la estrategia adoptada al salir PIDE a la cancha
electoral por los mismos sindicatos que ahora se la sacuden
-incluido el suyo propio- es amañar la realidad o hacerse
eco de una realidad tergiversada sin más preguntas ni
averiguaciones (y se trataba de una entrevista).

Por ejemplo, hace
poco, según las mismas declaraciones del señor
Adrián Vivas, secretario regional de Enseñanza
de CSI-CSIF, a este periódico, salió una encuesta
(no sabemos dónde) en la que se decía (ni se afirma
ni se refuta) que un tercio de los padres no saben cómo
educar a sus hijos. Los padres que, además de progenitores,
son profesores deben estar exentos, por necesidades del guión,
del tercio referido. Lo que no deja de sonar a déjà
vu pero con otro argumento. La buena educación ha sido
siempre patrimonio de un tercio de la población. Había
otro tercio que podía fluctuar entre la mala educación
y la buena educación. Y un último tercio desechable
siempre. A lo mejor, ese mismo tercio que no sabe cómo
educar a sus hijos, según las estadísticas y las
encuestas, son los mismos que no tienen trabajo estable porque
no pueden, los mismos que tienen horarios descabalados por necesidades
de producción que no por necesidades de atención
a sus hijos, los mismos trashumantes por razones de subsistencia
que no por necesidades de formación académica,
o están al margen, sin trabajo ni cosa que se le parezca.

Termino con un chiste.
Llegan los alumnos de selectividad a la universidad y se queja
el profesor del bajo nivel, de las faltas de ortografía,
de lo poco o nada que saben los bachilleres. Llegan los alumnos
de la escuela al instituto y se quejan los profesores del poco
bagaje que han adquirido. Llegan los alumnos a la escuela y
se quejan los maestros de cómo se los envían de
la guardería. Y en la guardería, ¿qué
les voy a contar?, ni atarse los zapatos, los pobres. Una «realidad
bien construida». Sobra todo el sistema público
educativo.

HOY