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¿Más
palo o más zanahoria?

22/11/2008 Carlos Javier R. Oliva, profesor y delegado
de PIDE.

Los claustros están que trinan. Y es que no nos dejan en
paz a los docentes. A la rácana subida salarial de enero,
a la derrochadora idea de implantar en poco tiempo un ordenador
por alumno y abrumados por el ingente papeleo diario que se nos
pide, se añade ahora, como sarpullido primaveral ilusionante,
la dulce zanahoria de las clases particulares. Eso sí,
voluntarias y bien pagadas. Y es que parece como si la Consejería
de Educación tomara medidas, en su afán de paliar
el fracaso educativo en Extremadura, a golpe de impulso emocional
y que más bien huele a pescozón electoralista.

Una
vez más, los docentes nos enteramos por la prensa de que
la Dirección General de Equidad y Calidad Educativa se
ha sacado una instrucción por la que los profesores de
Secundaria que voluntariamente lo deseen – a 40 euros la
hora- podrán dar clases de refuerzo al alumnado “en
situación de fundado riesgo (cataclismo total, diríamos)
de tener que realizar las pruebas extraordinarias de junio”.

Luego
falta saber qué ocurrirá con los claustros que se
nieguen a poner en práctica la generosa medida y cuál
va a ser la respuesta de los padres. Ya ven. Divide et vinces.
Más disensión entre el profesorado.

Amén
de la medida, que se puede estar a favor o en contra de ella,
está el problema de siempre. Se toman decisiones de hondo
calado educativo sin contar con los protagonistas. Una vez más
no se nos ha consultado si la idea nos parece bien o mal. Tampoco
a los representantes sindicales del profesorado. <A la hora
de educar, todo para la tribu pero sin la tribu >, habría
que decirle a J. A. Marina.

Se
supone que la medida alegrará muchos corazones. El de algunos
docentes (poderoso caballero) y el de muchos padres (contento
puede estar el representante de la FREAPA en Extremadura). Con
tanto refuerzo se supone que la recuperación de la signatura
es un hecho. ¿O no? Porque mira si, encima, va el alumno
y suspende. No le arriendo yo las ganancias al profesor.

Por
otro lado, se entiende el panorama que tiene enfrente la Consejería
de Educación: una alta tasa de fracaso escolar e un índice
de lectura por los suelos. Para esto último me atrevo a
hacer una propuesta. La recuperación del olvidado Trivium
latino con el que sacar de una vez a la lectura de su altar sagrado
donde aún permanece. Me pregunto por qué nuestra
región no ha querido someterse al Informe Pisa de 2006
ni tampoco lo va a hacer con el próximo. ¿O es que
hay algún recelo?

Algunos proponemos una posible solución en lugar de clases
primaverales vespertinas: si nuestros políticos no quieren
arbitrar un sistema que dé trabajo a tanto interino como
hay en las listas de espera, con aumentar las plantillas de muchos
centros y disminuir las ratios nos daríamos con un canto
en los dientes. Y hasta sería suficiente. Claro que no
queremos reconocer lo evidente. Me refiero al esfuerzo, que es
el elemento básico e insustituible de la educación.
Reconozcamos todos, incluidos los políticos, que el <aprenda
sin esfuerzo> fue siempre una quimera. El mal sueño
de la LOGSE. Y no es por las veces que el dichoso término
aparece en la nueva Ley Orgánica de Educación. Se
habla del esfuerzo personal del alumno “que no debe ser
ignorado” y el esfuerzo “compartido” de toda
la comunidad educativa –repito, de toda la comunidad educativa-
para “lograr una educación de calidad”. Pues
eso. Y hay más. En algunas encuestas los alumnos admiten
que no se esfuerzan lo suficiente. Claro que también ellos
se preguntarán, como hacemos nosotros cuando hay un parto
de esta índole, si los que piden ese esfuerzo son los políticos
que dejaron prácticamente vacío el hemiciclo el
día que se debatían las enmiendas a la ley de educación.

Coda: < El origen histórico de la baja consideración
del maestro está asociado con el menosprecio del guerrero
resentido- en este caso, el político, que es el encargado
de pagarle- quien, careciendo por lo general de la cultura del
docente, tiene sobre él una superioridad física
y social manifiesta>, T. W. Adorno.

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