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«El
bueno, el feo y el malo»

10/12/2015 Alfredo Aranda Platero
Vicepresidente del Sindicato PIDE


El señor José Antonio Marina, pedagogo y filósofo,
ha recibido el encargo de capitanear la redacción del libro
blanco del docente, que pretende convertirse en uno de los ejes
del programa de Rajoy. Pero, de momento, lo que ha conseguido el
autor del libro es enfrentar a la comunidad educativa.

Para
Marina existen profesores buenos y malos y no pueden, dice, cobrar
lo mismo. ¿Qué entiende Marina por profesor bueno
o malo? Se basa, sin más, en los resultados de los alumnos.
Esta reflexión del señor Marina nace de un análisis
simplista de la situación docente y demuestra un total desconocimiento
de la realidad actual de los colegios e institutos. Parapetado detrás
de la atalaya de su cátedra de bachillerato (y en excedencia
desde hace tres leyes educativas), lanza insidiosas e injustas sospechas
sobre el profesorado.

Para
mejorar la educación hay que enfrentar los problemas del
día a día de los docentes, centrados, fundamentalmente,
en las disrupciones continuas de parte del alumnado que hacen un
daño enorme al normal transcurso de la jornada escolar. Los
alumnos objetores -y sus palmeros-, en demasiadas ocasiones, marcan
la dinámica de las clases: insultos, malas contestaciones,
partes y más partes y un índice de vaguería,
de una parte del alumnado, cada vez más creciente. Aunque
la mayor parte de las disrupciones son de baja intensidad (interrumpir
la clase), no es motivo para soslayar esta situación tan
dañina y que se está haciendo endémica. Es
necesario reconocer la realidad y enfrentarla, así como avanzar
en el reconocimiento social de la labor del docente y en la implicación
real de las familias, y todo ello enmarcado en un clima de respeto
al valor de la educación como pilar fundamental en el que
la sociedad se asienta.

El
reducir el problema a buenos y malos profesores pone en tela de
juicio la elección de Marina como «gurú»,
como guía, que lleve a desentrañar los secretos del
éxito educativo. El ínclito José Antonio desconoce
que los centros periféricos reciben muchos alumnos con necesidades
de compensación por su procedencia o por la situación
social de sus familias, otros centros sin embargo son más
elitistas y cuentan con alumnos que «aprenden solos».
Para Marina los profesores de centros difíciles tienen que
cobrar menos, pese a que estos tienen que multiplicarse para poder
compensar las carencias de sus alumnos.

También
desconoce, el ilustre filósofo, que existen asignaturas complicadas,
como matemáticas, donde a los alumnos les cuesta más
obtener calificaciones buenas y, sin embargo, hay otras asignaturas,
como Religión, que aprueba todo el mundo y con nota por la
gracia de Dios. ¿Quiere esto decir que el profesor de Matemáticas
tiene que cobrar menos que el de Religión? Según Marina,
sí.

Para
Marina hay dos criterios básicos para evaluar la labor del
profesor: la relación con las familias y el progreso del
estudiante en clase.

Decir
lo que dice Marina es como decir que a quién le toque en
suerte familias que no se implican, la evaluación será
negativa. Para el profesor no para la familia. O si tenemos un alumno
que no quiere estudiar pero está obligado a ir al centro
(los alumnos objetores a los que me refería antes) y no progresa,
el profesor es malo. Parece haber empezado una «caza de brujas»
y el objetivo ya lo ha localizado: los docentes.

Queda
claro que el señor Marina no parece contemplar otras realidades
como las que ya he apuntado antes. Los docentes no tienen, en muchas
ocasiones, las herramientas necesarias para ejercer su labor, las
plantillas docentes son insuficientes y los recursos escasos, el
apoyo de la administración es inexistente y el reconocimiento
económico no está a la altura de la importancia de
la labor docente.

Dudar
de la preparación de los profesores es, cuando menos, ofensivo.
Los profesores tienen la capacitación necesaria, de lo contrario
no hubieran obtenido su título universitario, pensar lo contrario
es decir que la universidad regala los títulos. Al título
universitario se le suma el proceso de oposición, otras titulaciones
universitarias, miles de horas de formación, idiomas. aunque
el binomio título más oposición es, en realidad,
suficiente para asegurar la capacitación de los docentes.

El
problema, pues, no está en los profesores, reside en la Administración,
en los gobiernos que han dejado que el comportamiento, de una parte
cada vez más grande de alumnos, se degrade hasta condicionar
seriamente la educación. Un profesor motivado y 25 alumnos
que lo respeten es condición necesaria y, en la mayoría
de las ocasiones, suficiente para el éxito educativo. Ahora
bien, la inversión y la ratio son dos variables de primer
orden para concretar dicho éxito, pero según la OCDE
España suspende en inversión, situándose en
la parte media-baja de los países de referencia, y supera
en ratio la media de los países del entorno europeo. Esta
es la realidad que José Antonio Marina tiene que resolver
y no demonizar a los actores principales de éxito educativo.


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