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«Cuestionarios sobre los deberes: Cuando
la manipulación se viste de democracia»


06/03/2017 Alfredo Aranda Platero
Vicepresidente del Sindicato PIDE

Pretender
espantar los males de la educación poniendo el punto
de mira en los deberes, como si estos fueran el demonio que
aterroriza la vida de los alumnos es, como poco, de una inmensa
simpleza y de una profunda irresponsabilidad.

Los
alumnos que efectúan tareas en casa obtienen mejores
notas (un hecho reconocido no solo por el informe PISA) y, por
tanto, los deberes no son malos «per se». Otra cosa
es el tipo de deberes y el tiempo recomendado según la
edad del alumno; pero ese no es el debate que, desde ciertos
colectivos, se pretende abrir. Lo que se persigue es que los
deberes desaparezcan de la vida diaria de los alumnos.

Los
que persiguen la supresión de los deberes nos comparan,
reiteradamente, con Finlandia a la mínima oportunidad,
pero se olvidan de que en Finlandia también se mandan
deberes para casa (un mínimo de 2,5 horas semanales).
También se olvidan de que en Finlandia las ratios en
las asignaturas instrumentales son muy bajas, que la inversión
educativa es mucho mayor que en España, que hay profesores
de apoyos en cantidad suficiente, que tienen todo tipo de recursos,
que el respeto a los profesores es enorme, etc. Es como comparar
un huevo con una castaña. En España solo los docentes
dan la talla y compensan con su trabajo y calidad las deficiencias
de un sistema educativo mediatizado ideológicamente por
el gobierno de turno.

Desde
PIDE coincidimos con quien denuncia que el modelo pedagógico
actual tiene una sobre carga de contenidos absurdos, tareas
repetitivas que no llevan a nada y demasiados exámenes.
 Por eso y por otras cosas apoyamos la huelga del día
9 contra la LOMCE (como hemos hecho siempre), y lo hacemos con
la ilusión y  la esperanza de que una nueva Ley
de educación, consensuada por todos, pueda solucionar
de una vez los males atávicos que han arrastrado las
8 leyes de educación que hemos tenido en 40 años.

Centrar
el debate en los deberes es un país donde la inversión
educativa es de las más bajas de Europa y donde las conductas
disruptivas de los alumnos son de las más altas, es una
pérdida de tiempo además de constituir la contratación
fehaciente del profundísimo desconocimiento que ciertas
asociaciones tienen del sistema educativa autóctono y
de sus bondades y maldades. En todos los países europeos
se mandan deberes para casa; ese debate ya se abrió hace
años, por ejemplo, en Francia y no supuso, en modo alguno,
ningún cambio al respecto. Solo en un contexto idílico
de enseñanza individualizada y sin las dañinas
disrupciones los deberes tendrían menos peso y, con todo,
también seguirían siendo necesarios.

Los
cuestionarios sobre los deberes escolares que finalmente se
han aprobado en la comisión permanente del Consejo Escolar
de Extremadura con el único voto en contra de PIDE, no
solo suponen una injerencia en la actividad docente, sino que
también constituyen una clara claudicación del
Gobierno de Extremadura ante presiones interesadas.

Los
cuestionarios nacen, de entrada, con la intención torticera
de servir de excusa para poner en tela de juicio la labor de
los docentes. Y lo hacen además con una batería
de preguntas que esconden una clara manipulación y, por
si fuera poco, con una descompensación intolerable. De
tal forma que únicamente el tutor (4º de primaria
y 2º de ESO) podrá hacer dicha encuesta, mientras
que todos los padres y madres de dichos cursos, así como
todos los alumnos, tendrán acceso a la misma. El resto
de profesores que imparten el grupo serán silenciados.

No
contentos con este despropósito y para evitar que nadie
pueda entorpecer el objetivo ilegítimo que persigue dicho
cuestionario, no se permitieron enmiendas en la comisión
permanente del Consejo Escolar de Extremadura. Podemos decir
utilizando un lenguaje jurídico, si se me permite la
licencia, que dichos cuestionarios están viciados de
nulidad.

Se
echan de menos preguntas que, seguro, serían incómodas
para  una tipología concreta de padres y madres
como, por ejemplo, si están satisfechos con el rendimiento
de sus hijos, si creen que sus hijos se esfuerzan lo suficiente,
si apoyan las decisiones de los docentes con respecto al comportamiento
de sus vástagos, si muestran su contrariedad o alegraría
según sean los resultados escolares, si premian con regalos
a sus hijos independientemente de que saquen buenas o malas
calificaciones, si sus hijos pasan mucho tiempo delante del
ordenador o del móvil, si conocen el funcionamiento del
centro y tienen una relación fluida con los profesores,
etc. En definitiva preguntas que evaluarían la labor
como padres y madres, porque también tiene mucho que
ver con el éxito y el fracaso de los escolares. Sin embargo
este tipo de cuestiones no estaban previstas en el guion.

Tampoco
interesa saber si los padres sobrecargan a sus hijos con actividades
extraescolares, ni si consideran los deberes de calidad como
imprescindibles para la evolución curricular de sus hijos,
ni si los deberes suponen una compensación por la falta
de recursos educativos, etc. Para que un cuestionario sea solvente,
serio, tiene que partir primero de un equilibro entre participantes
y, después, contener preguntas que lleven a un diagnóstico
real de la situación. Ninguna de las premisas se cumple
con los cuestionarios aprobados en la comisión permanente
del Consejo Escolar de Extremadura.

Los
deberes cuando son de calidad y racionalizados, en su justa
medida (adaptados en cantidad y complejidad a la edad del niño),
fomentan la creatividad del  alumno y, por tanto, tienen
un extraordinario potencial educativo. Pretender hurtar al alumno
de este apoyo es entorpecer gratuitamente la evolución
del discente en su objetivo de ir alcanzando con éxitos
los retos educativos que se le presentan a cada paso.

Este
impostado debate sobre la idoneidad o no de mandar deberes para
casa es una clara amenaza tanto para la evolución educativa
de los alumnos, como para la libertad de cátedra de los
docentes (hoy quieren decidir sobre los deberes, mañana
querrán también decidir sobre el atuendo que deben
llevar los profesores al centro). Es tan delirante el asunto
como si, por ejemplo, una asociación de pacientes arremetiera
contra los médicos para que estos no mandasen ejercicios
de rehabilitación o instrucciones para sanar sus males
más allá de lo que ocupa el tiempo de consulta.

Al
final lo que conseguirán es hacer un daño gratuito
al alumno y, por extensión, al sistema educativo. La
comunidad educativa debe abrir un debate sobre las carencias
y dificultades del sistema educativo: falta de inversión,
falta de recursos materiales y personales, promover la dignificación
de la labor docente, establecer estrategias para reenganchar
a los alumnos objetores educativos que son los causante de las
disrupciones en el aula que tanto perjuicio causan al transcurso
de las jornadas escolares, etc. Este es el verdadero debate
y dejémonos de “marear la perdiz” porque
al final se cumplirá ese viejo refrán español
que dice: “Entre todos la mataron y ella sola se murió.