Cartas y artículos de Educación

Periódico Extremadura

Refuerzos sin esfuerzo

A muchos docentes de la región se les plantea el problema de tener que trabajar por la tarde con muchos de los alumnos que no quieren hacerlo por la mañana, en una jornada maratoniana.

17/04/2008 OLGA Martín

Iniciada la puesta en marcha del programa de refuerzo educativo que, según la Consejería de Educación, vendrá a mejorar el índice de fracaso escolar, volvemos a reflexionar los docentes extremeños. No nos sorprendió en su momento el anuncio del Plan específico de refuerzo para la consecución de los niveles imprescindibles de promoción y titulación . No porque no nos hubieran consultado o tenido en consideración, eso es algo a lo que ya deberíamos estar acostumbrados, sino porque desde el curso pasado se veía venir que lo que se iba a llevar a cabo en determinados centros, con el tiempo se haría extensivo a todos.
Sí sorprende que los propios docentes que saben qué alumnado se encuentra en fundado riesgo de llegar a las pruebas extraordinarias sean los que desarrollen el plan y den clases particulares a los alumnos de los compañeros. Luego viene el lío. De cualquier forma, me consta que los padres cuyos hijos no han tenido buenos resultados en la primera evaluación y están pendientes de su desarrollo educativo ya llevan otro trimestre poniendo remedio y no han esperado hasta abril, a dos meses de final de curso. Ahora mismo se plantea el problema de que se tenga que trabajar con los alumnos que no quieren hacer nada por la mañana y por la tarde en una jornada maratoniana que podría ir de 8.30 a 20.00 horas, a la que hay que añadir el tiempo de transporte de los alumnos y desplazamiento del profesorado, en su caso. No se tiene en cuenta que los docentes ponemos nuestra vida en marcha con el ciclo escolar, en esas cábalas por conciliar la vida familiar y laboral compaginando actividades extraescolares de los hijos, deberes e, incluso, vida propia. Tampoco se tiene en cuenta que tenemos todas las de perder ante los padres y la opinión pública si un centro no se suma al plan ("Es que quieren trabajar lo menos posible") o si después de ir a las clases de refuerzo no aprueban los alumnos ("Es que no explican bien").
Por lo tanto, el futuro está más que visto. En los cursos venideros se volverá a la jornada partida de antaño de manera natural -- por cierto, en la que yo estudié-- y en la que se puso tanto empeño en hacer continua, y veremos hasta dónde llegan las compensaciones económicas. Como aviso, en la Comunidad valenciana ya se lleva a cabo, pero se ahorran el gasto compensando al profesorado con cien créditos válidos a efectos de sexenios, traslados y oposiciones; pero lo mejor es que se tiene en cuenta a efectos de la concesión de comisiones de servicio. Como siempre habrá quien se venda por un mísero complemento y ante este panorama de fundado riesgo de perder derechos ya logrados y degradación de las condiciones laborales del profesorado, quedan pocas soluciones: el absentismo, el rechazo, la oposición frontal o la participación activa en las movilizaciones que puedan convocarse al efecto.
Está claro que nuestro sistema se sustenta en los principios de premio y castigo; los esfuerzos económicos y humanos siempre van a los que no los aprovechan en aras de la compensación de dificultades; y si no, que le pregunten a los alumnos que aprueban todo en junio y no tienen que ir a las pruebas extraordinarias; se les obliga a seguir asistiendo al centro, pero no sabemos qué hacer con ellos. A mí se me ocurre que la Administración idee un Plan específico de compensación para alumnos con fundado esfuerzo que consista en llevarlos a practicar inglés al extranjero, a hacer la ruta de los parques naturales o a repasar arte y cultura por las capitales de Europa. Si llega ese día, lo tengo muy claro: me ofreceré voluntaria.

*Profesora de Inglés y miembro del Comité Ejecutivo del Sindicato PIDE.