Contrasentidos, esquizofrenias y perversidades del actual sistema de acceso. Una solución posible.
MCGG
(Correo electrónico, 23-10-2004)


La teoría educativa de los últimos 15 ó 20 años excluye lo meramente memorístico, de modo que a los discentes apenas se les exige que aprendan nada de memoria. Más bien, se trata de que aprendan a aprender. Lo que es bueno para los alumnos/as, ¿por qué no lo es para los docentes? El sistema de oposiciones continúa exigiendo la memorización pura y dura de unos temas. ¿Por qué?


En cualquier ámbito de la actividad humana se valora, incluso se exige, la experiencia previa. ¿Por qué en el ámbito de la docencia se puede todavía hoy enviar al paro a trabajadores con años de experiencia, cuando su puesto de trabajo sigue siendo necesario y su desempeño ha sido satisfactorio?


Las empresas eficaces y eficientes (públicas o privadas) invierten recursos en la formación de sus empleados y rentabilizan ese esfuerzo colocando al personal en los puestos para los que están preparados. ¿Por qué la empresa educativa pública se permite el lujo de enviar al paro a sus trabajadores después de haber gastado fuertes sumas de dinero público en su formación? Por ejemplo, en Extremadura, en el año 2003, unos 700 maestros/as interinos fueron enviados al paro por el actual sistema de oposiciones. ¡Cuánta ineficiencia! ¡Qué desperdicio de experiencia y formación!


En el siglo de internet y las nuevas tecnologías, cualquier dato o información se puede encontrar fácilmente sin moverse de casa. A las fuentes tradicionales de información y formación que eran los libros y bibliotecas, se añaden las inmensas posibilidades de la red. En estas condiciones, ¿qué sentido tiene hoy en día mantener vivo un anticuado sistema de oposiciones que exige memorizar unos temas?


En definitiva, la memoria es lo característico de los ordenadores. La interrelación creativa entre los datos almacenados en la memoria sigue siendo patrimonio de las personas. Y hoy en día esto se hace trabajando con datos, archivos e informaciones que llegan a nuestra mesa de trabajo u ordenador desde variadas fuentes, sin necesidad de que todos esos datos estén en nuestra limitada memoria. ¿Por qué el sistema de oposiciones todavía hoy en vigor se empeña en considerar al opositor como un "ordenador portátil"?


Además, el sistema de oposiciones en vigor es perverso, pues obliga a competir por las mismas plazas a personas de naturaleza muy diferente.


Efectivamente, al estar basado principalmente en la memorización de unos temas, la capacidad que se está midiendo es, sobre todo, la memoria y, en función de ella, se adjudican las plazas. Sin embargo, la facultad de la memoria alcanza su máximo desarrollo en torno a los 25 años de edad, empezando a deteriorarse a partir de ahí por la natural pérdida de neuronas (entre otras causas).


Los jóvenes que acaban de licenciarse carecen de experiencia profesional pero tienen una pletórica capacidad de memoria, muy entrenada además por sus recientes estudios.


Los interinos/as, especialmente los que llevan varios años trabajando, han perdido “músculo memorístico”, pero han ganado en experiencia y estrategias metodológicas.


En estas condiciones, obligar a unos y a otros a competir por las mismas plazas, reconozcámoslo, es perverso. Si el legislador en materia educativa quiere mejorar el sistema de acceso y ser más equitativo, no debe obligar a los jóvenes a competir contra la experiencia, ni a los interinos/as a enfrentarse contra la capacidad memorística. Efectivamente, no queda más remedio que establecer dos vías diferenciadas para el acceso.


Ahora bien, en la realidad no se dan casos “puros” en ningún sentido, es decir, no hay opositores con cero experiencia de la misma manera que tampoco los hay con nula capacidad de memorización.


Efectivamente, los más jóvenes, incluso los recién salidos de la facultad, tienen al menos la experiencia que les haya dado el periodo de prácticas. Asimismo, los interinos/as, incluso los de más experiencia, conservan aún cierta capacidad de memorización. Entre esos dos casos extremos hay toda una gradación de posibilidades.

Por eso, si hubiera una doble vía de acceso, lo importante para cada opositor sería elegir la más adecuada a sus características personales. En ese supuesto, los peor situados serían aquellos que se ubicaran justo en la mitad de la escala, ya que les resultaría más difícil decidir en qué dirección orientar sus esfuerzos. Vemos, por tanto, que ningún sistema es perfecto. Sin embargo, pese a este inconveniente, creo que la doble vía evita los contrasentidos, esquizofrenias y perversidades del actual sistema.

En conclusión, mi propuesta es que los jóvenes compitan con los jóvenes, los interinos con los interinos, y que cada cual decida si es joven o interino/a.

MCGG

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