¿Rebajas en las oposiciones?

JOSÉ CARLOS CARMONA SARMIENTO
(Profesor de la Facultad de Ciencias de la Educación
de la Universidad de Sevilla)
(El País - Cartas al Director, 7-1-2006)

En una carta publicada recientemente se criticaba la posibilidad de que las oposiciones para ser profesor fueran rebajadas suprimiendo un examen y dando prioridad a la valoración de los méritos. Me imagino que quien escribió esta carta tiene en gran concepto a los tribunales, por encima de la aséptica valoración del trabajo y estudios realizados. Me gustaría que reflexionara sobre algo que, imagino, da por sentado: que los tribunales son justos y preferibles a los fríos cálculos de méritos. Los tribunales de oposición de enseñanza se forman en general por profesores elegidos a sorteo. Estos, si llevan años en la enseñanza, suelen llevar ese mismo tiempo sin estudiar y no es muy normal que estén al tanto de las novedades educativas e investigadoras de su materia. Aprobaron su oposición en su día, y, por lo general, tienen sus familias y aficiones que les impiden seguir estudiando (además, la Consejería no potencia mucho esa línea: algún cursito, algún cargo en el centro, y consiguen sus puntos para los sexenios). Estos profesores tienen que evaluar, cuando el azar los llama, a jóvenes que están al día en materias y avances. Yo he visto a tribunales repasándose los apuntes de las academias antes de hacer pasar a un opositor porque no sabían nada sobre el tema en cuestión. No tienen, pues, por qué ser más justos los tribunales.

Además, si el ámbito de la especialidad es muy reducido (esto pasa mucho, por ejemplo, en las especialidades de Conservatorios donde sólo hay uno o dos profesores titulares en toda la comunidad), los tribunales se convierten en ruedos para ajustes de cuentas de fechorías pasadas: "¡Tú te fuiste con el otro profesor, la pagarás!". No tienen, pues, por qué ser más justos los tribunales.

En algunas especialidades como Educación Física o en el ámbito de los Conservatorios, ocurre, además, que se examina a los interinos que llevan diez años o más años con los recién titulados que están técnicamente en plena forma. Imagine a un profesor de piano o de Educación Física, que tiene que ir todos los días a dar clases a un pueblo, sacar adelante a su familia y que, además, se tiene que mantener como un joven recién titulado que no tiene otra cosa que hacer que estudiar y que lleva los programas de concierto o físicos al día. Piense en los opositores para ser profesores de Canto: hay algunos con 15 años de interinidad que ya no tienen voz y, sin embargo, pueden ser magníficos docentes. No tienen, pues, por qué ser más justos los tribunales.

Y, además, en ninguna profesión no pública te examinan para contratarte. Ven tu currículum, charlan contigo y te contratan. Y en los colegios concertados jamás ha habido una sola oposición y, sin embargo, gozan de buena fama.

Creo que en las oposiciones en general, no sólo en éstas, está sobrevalorada la memoria. Quien sea capaz de memorizar decenas de temas, ¿puede ser, por ejemplo, juez? ¿Será más justo?, igual es un canalla con buena memoria. En otros países son electos.

Valorar a la gente por su trabajo y estudios en un sistema de méritos sin examen no me parece, pues, tan terrible.

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