La mejor de las herencias
FELIPE SÁNCHEZ
(El Periódico Extremadura - Cartas al Director, 15-03-2006)

Hace ya algunos años, cuando en Extremadura no existía el número de institutos que hoy se distribuyen por todo el territorio, tuve que, por circunstancias de la vida o quizá de falta de oportunidades, emigrar a otra región para estudiar en un internado a cerca de 600 kilómetros de mi pueblo natal. Los extremeños de Las Hurdes, de la Sierra de Gata y de otras zonas que allí hicimos piña, siempre soñábamos con volver a nuestra tierra para poder contribuir a su desarrollo y progreso.

Siempre recordaré con cariño y como una enseñanza suprema las palabras de mi padre, un albañil sin estudios, quien al despedirse de mí cuando tomaba el tren de vuelta camino de Extremadura, y tras fundirnos en un abrazo me dijo "ya sabes lo que te espera en el pueblo, así es que aplica el cuento y estudia con todas tus fuerzas". Afortunadamente, después de cerca de nueve años fuera de Extremadura, conseguí, al igual que la amplia mayoría de mis compañeros, regresar con una titulación universitaria debajo del brazo.

Cuando leo las estadísticas que ciertos estudios nos ofrecen sobre el fracaso escolar, la falta de motivación y el abandono en la ESO, no puedo por menos que sorprenderme e intentar reflexionar, eso sí a mi modo, y sin datos estadísticos o estudios sociológicos que avalen mi opinión, acerca de tan particular situación.

Resulta que hoy día, cuando tenemos la suerte de vivir en una región ejemplar en muchos aspectos, en la que la oferta educativa es amplia y diversa, en la que el incremento de infraestructuras para la educación ha sido considerable en los últimos 20 años y donde se han realizado importantes avances tecnológicos, aún no hemos sido capaces de paliar problemas tan preocupantes como los anteriormente apuntados. Eso sí, la culpa nunca la tenemos las personas, o mejor dicho, no somos lo suficientemente valientes para reconocer que quizá nos ocupamos demasiado de las leyes, de si una reforma es buena o mala, de echarle la culpa al Gobierno y de mirar para otro lado cuando el asunto nos toca de cerca. Si los padres de hoy día tuviesen el acierto --en el contexto de la sociedad actual-- de trasmitir a sus hijos la sabiduría que algunos padres consiguieron impregnar en sus hijos en generaciones pasadas, otro gallo nos cantaría. Si en vez de juzgar al profesorado y de maldecir las leyes y preceptos democráticamente establecidos, nos preocupásemos un poco más de la educación en valores en el seno familiar, de tomarnos en serio esto de dirigir y revisar el proceso formativo y educativo de nuestros hijos --desde la responsabilidad y desde la lucha continua-- es posible que hayamos sido lo suficientemente inteligentes como para dejarles la mejor herencia posible. felipe.sanchez@barbaextremadura.es

*Técnico en Desarrollo Rural

 

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