Máscaras de lo real

EMILIA OLIVA, escritora.



PARECE no ser habitual entre los jóvenes el entusiasmo por los estudios. Es opinión que nadie se atrevería a contradecir tajantemente. Sospecho que lo contrario -el interés manifiesto de nuestros estudiantes por el estudio- tampoco es actitud erradicada del planeta, pero no sé si me atrevería a defenderlo en algún foro público, ya que si bien es habitual o frecuente, ni prensa ni estudios estadísticos dan cuenta de ese entusiasmo en algún porcentaje de nuestros jóvenes. Y ya sabemos que lo que no sale en prensa no existe. De ahí que si hemos de acabar creyendo que los burros vuelan, el primer paso que hay que dar es que lo diga la prensa. Lo que sale en prensa, va a misa, según traducción libre de las declaraciones del presidente Bush hace unos días. Si, además, la noticia se transmite como un eco de un medio a otro, de a poco y sin mayor magia, la mentira repetida se transmuta en verdad consabida y, a partir de entonces, los científicos del planeta se tienen que poner a averiguar la causa de la extraordinaria metamorfosis, la del burro que vuela, digo. Lo que no podía sospechar -porque no es obligación de la prensa publicarlo- es que se estudiara la 'Construcción periodística de la realidad' en la licenciatura de Comunicación Audiovisual. Lo que una sí sospecha es que la realidad no es una y que intereses diversos imponen una cierta realidad, cuando no amañan una a medida.

Mi amigo Manuel, que estudia Comunicación Audiovisual, apiadado tal vez por el callejón sin salida al que parece que me han abocado los diplomas y la experiencia profesional que poseo (que en ningún modo es responsabilidad de autoridad sindical o educativa alguna) me invita a que cambie de aires (en Andalucía no te pasarían estas cosas) y dedique mis energías a estudiar la 'construcción periodística de la realidad', que te va a entusiasmar, ya lo verás.

Y heme aquí, como de costumbre, siguiendo los consejos de los amigos a medias, que es como hay que seguirlos y no a pie juntillas, echándoles después el muerto si el resultado defrauda las expectativas. Para qué te haría yo caso. Como aprecio a los amigos que tengo, procuro evitar los tropiezos que podrían poner la relación en peligro. Por ello, y como propósito para el año nuevo, me he impuesto seguir parcialmente el consejo de Manuel y analizar la 'construcción periodística de la realidad' cada vez que se ponga a tiro la cosa. Empiezo.

Por ejemplo, achacar a PIDE (como hace el señor Adrián Vivas en la entrevista del HOY del 22 de diciembre), las descalificaciones, insultos y amenazas que se han producido durante las elecciones sindicales de la región sin molestarse en precisar que fue precisamente la estrategia adoptada al salir PIDE a la cancha electoral por los mismos sindicatos que ahora se la sacuden -incluido el suyo propio- es amañar la realidad o hacerse eco de una realidad tergiversada sin más preguntas ni averiguaciones (y se trataba de una entrevista).

Por ejemplo, hace poco, según las mismas declaraciones del señor Adrián Vivas, secretario regional de Enseñanza de CSI-CSIF, a este periódico, salió una encuesta (no sabemos dónde) en la que se decía (ni se afirma ni se refuta) que un tercio de los padres no saben cómo educar a sus hijos. Los padres que, además de progenitores, son profesores deben estar exentos, por necesidades del guión, del tercio referido. Lo que no deja de sonar a déjà vu pero con otro argumento. La buena educación ha sido siempre patrimonio de un tercio de la población. Había otro tercio que podía fluctuar entre la mala educación y la buena educación. Y un último tercio desechable siempre. A lo mejor, ese mismo tercio que no sabe cómo educar a sus hijos, según las estadísticas y las encuestas, son los mismos que no tienen trabajo estable porque no pueden, los mismos que tienen horarios descabalados por necesidades de producción que no por necesidades de atención a sus hijos, los mismos trashumantes por razones de subsistencia que no por necesidades de formación académica, o están al margen, sin trabajo ni cosa que se le parezca.

Termino con un chiste. Llegan los alumnos de selectividad a la universidad y se queja el profesor del bajo nivel, de las faltas de ortografía, de lo poco o nada que saben los bachilleres. Llegan los alumnos de la escuela al instituto y se quejan los profesores del poco bagaje que han adquirido. Llegan los alumnos a la escuela y se quejan los maestros de cómo se los envían de la guardería. Y en la guardería, ¿qué les voy a contar?, ni atarse los zapatos, los pobres. Una "realidad bien construida". Sobra todo el sistema público educativo.

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