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Opinión

Zapatero "manostijeras"

17/06/2010 Alfredo Aranda Platero
Vicepresidente del Sindicato PIDE

De la crisis económica española, que dimana de la especulación financiera mundial llevada a cabo por bancos, constructoras, especuladores internacionales, grupos de presión..., no tiene la culpa el desorientado presidente Zapatero, ni el nada colaborador Rajoy, ni la hierática Ángela Merkel, ni el defenestrado Gordon Brown, ni el soberbio Nicolás Sarkozy, ni el intocable Berlusconi, ni el idolatrado Barack Obama... sino que la culpa es de todos ellos al mismo tiempo, continuadores de una organización económica global que permite la especulación salvaje e incontrolada, al servicio de lobbys financieros de toda índole y pelaje.

Una sociedad donde conviven personas que ganan 400 euros al mes junto con otros que obtienen emolumentos mensuales millonarios, está gravemente enferma. Más cruel resulta que los culpables de la famosa crisis salgan de rositas y sean los trabajadores, cuyo sueldo apenas les da para enfrentar el mes, los que tengan que pagar los excesos de estos delincuentes de chaqueta y corbata. ¿Cómo es posible que a una familia se le sustraigan 80, 90 ó 200 euros -lo que quieran los mandamases -para pagar las culpas de otros? Cuando esos otros, seguirán con sus tren de vida, sin ningún tipo de recortes a sus costumbre adineradas. La huelga general es necesaria y ningún sindicato debería sustraerse a esta necesidad, dado que se está minando gravemente los derechos fundamentales de los trabajadores. ¿Por qué no se recorta, más de lo anunciado, el sueldazo que tienen Consejeros, Directores Generales, Ministros, Alcaldes...? ¿Por qué no se aumenta el tributo a las grandes empresas y a los ricos? ¿Por qué no se recortan gastos innecesarios como algunos ministerios, por ejemplo?...

La Huelga General tiene que ser la respuesta de los sindicatos. Ningún gobierno (ya sea conservador o progresista) puede gravar las maltrechas economías de las familias -y menos un gobierno de izquierdas - recortando el sueldo de los funcionarios (que vienen perdiendo poder adquisitivo desde hace más de diez años), congelando la pensión de los pensionistas o cualquier otra iniciativa tóxica que recorte los derechos básicos del ciudadano medio (asalariados en general). Puedo comprender - haciendo ímprobo esfuerzo - que Zapatero tenga dudas a la hora de subir los impuestos a los ricos, dado que teme - supongo - la fuga de las grandes fortunas a paraísos fiscales, pero eso no es óbice para exprimir al que menos tiene.

En Extremadura el recorte en la nómina, por ejemplo, de los docentes es aún más injusto - si cabe - dado que el salario de los maestros y profesores es menor por estos lares que en otras comunidades. Desde PIDE, creemos que el Sr. Vara debería sentarse con partidos políticos y sindicatos para estudiar formas de obtener por otros medios lo que el gobierno central espera que Extremadura aporte con los recortes propuestos, y no oprimiendo a asalariados públicos y pensionistas.

La sociedad occidental, particularmente la española, es digna de un estudio "socioeticoeconómico" del que partir, para encontrar el camino que lleve a una racionalización de los comportamientos especuladores, que desemboque en un nuevo ordenamiento económico o, cuando menos, en el establecimiento de medidas que luchen contra cierta actitudes económica lesiva para el devenir de la buena salud de la sociedad. Aquí especula todo el mundo. El pequeño inversor (vecino del quinto) que compró un piso por tres para venderlo por treinta, el operario de cualquier profesión que te cobró por sus servicios treinta cuando te debió cobrar tres (con su correspondiente margen de beneficios razonable), los intermediarios de los productos de primera necesidad que venden por treinta lo que los agricultores le vendieron por tres..., y así hasta llegar a los especuladores de alto voltaje que mueven cientos de miles de euros sin ningún pudor. Los gobiernos tienen las herramientas necesarias para controlar todos estos desmanes económicos, tanto los que se realizan a pequeña escala como aquellos otros de cifras mareantes, y dejar, así, tranquilo al asalariado que bastante problema tienen con estirar el sueldo para llegar a fin de mes.

Ni Zapatero, ni Rajoy. Uno, porque no se atreve, siguiendo sus supuestos ideales, a recortar a quién más tiene; y el otro, que en vez de colaborar como, por ejemplo, pasa con los conservadores de Portugal, se dedica a arengar a la población, sin darse cuenta de que las ansias de poder, aunque legítimas, no hay que explotarlas en determinados momentos. ¿Qué hacer entonces? Lo único que queda es la presión a través de la huelga general, con la ilusión de que se convierta en un electroshock que despierte al gobierno de su error y cambie el rumbo de sus decisiones.

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