Fracaso escolar y fracaso moral
ALFREDO ARANDA PLATERO
(Diario Hoy - Tribuna Extremeña, 18-06-2006)

LA escuela es el pilar sobre el que toda sociedad apoya su futuro. Este cimiento fundamental sobre el que descansa la sociedad del éxito está siendo horadado por la creciente indisciplina de muchos escolares de ESO obligados a estar dónde no quieren. Objetores que los centros guardan hasta la edad obligatoria, para que los gobiernos justifiquen el 'éxito' político que supone la coincidencia entre la edad obligatoria de escolarización y la mínima para entrar el mercado de trabajo. Niños que de los 12 a los 16 años vieron pasar el tiempo en el que pudieron aprender el oficio que después de cuatro años cultivando la desidia pretenden ofrecerles. Los gestores del desastre y los sindicatos siempre complacientes con la administración ahondan en el problema, quitando gravedad a lo que, cada vez más, ocurre en las aulas. No se debería dejar sin sanción a cualquier agresión al docente ya sea verbal o física, llegando, si es necesario, a los tribunales o a arbitrar medidas de expulsión severa directa o acumulativa acompañada de sanción económica a los progenitores del agresor. De tal manera que si un alumno insulta o agrede a un docente además de ser expulsado de forma severa, los padres del 'héroe' deberían ser sancionados económicamente. Pienso que de esta manera, cuando el joven infractor llegara a su casa los padres le explicarían de forma clara porque se va a portar bien a partir de ahora. La educación, el sistema educativo, las aulas y sus moradores (profesores y alumnos) deben ser protegidos del acoso y la agresión; las aulas son lugares de aprendizaje, no de lucha, ni de gritos, ni de insultos.

Cuando unos padres inflingen malos tratos a sus hijos, ya sea agresión física, psíquica, desasistencia sanitaria o alimenticia la sociedad arbitra medidas para proteger a los menores, llegando, incluso, a retirar la custodia. Salvando las distancias, pienso que la dejadez educativa de muchos padres llega, con el tiempo, a forjar un carácter en el niño no compatible con la convivencia escolar y social lo que también constituye una forma de maltrato, que en muchos casos produce anomalías irreversibles.

La importancia de la influencia de los factores externos en el aula hace necesaria la coordinación de diferentes sectores (educativo, sanitario, judicial ) para buscar una solución imbricada con la realidad. La educación de hoy tiene problemas que los responsables institucionales parecen obviar, como pueden ser: el cambio de la dinámica de las aulas por la presencia de alumnado inmigrante, por la relación actual de padres e hijos, por los diferentes tipos de familia de la sociedad actual, por la desatención educativa de muchos progenitores, por la valoración social disminuida del sector docente, por la dejadez sindical fruto del acomodamiento de los actuales dirigentes sindicales, por la sensación de abandono que perturba a los docentes y el poco peso que su opinión tiene dentro de la Administración Educativa, por la creciente pérdida de respeto por parte de un sector del alumnado y de sus ascendentes que se siente crecido por la inmunidad escolar y judicial Todo esto y más se ha repetido hasta el hartazgo y mientras el sistema educativo se tambalea los dirigentes políticos y sindicales se dan pábulo así mismos. En este contexto la aclamada LOE puede, perfectamente, quedar las cosas como están y convertirse en una cortina de humo que aplace sine die la verdadera solución de los problemas que enferman la educación.

Los mandamases de la educación de cualquier signo político y de lo sindical se preocupan por las apariencias, por quedar bien en la prensa y ganarse a la opinión pública con declaraciones encaminadas a transmitir a la población que los problemas no existen o que son insignificantes, no quiero con estas palabras acusar a nadie de cainismo, pero sí de inmadurez social o moral a la par que política para solucionar el problema de las aulas.

Todos los sindicatos de todas las comunidades deberían levantarse en armas, porque son ellos los que deben evitar que los responsables educativos nacionales o autonómicos se equivoquen o hagan dejación de sus responsabilidades. Tienen que estar al lado de trabajador (en este caso del docente) y velando porque el sistema educativo mantenga su higiene. Pero, desde el punto de vista del que suscribe, el quehacer sindical se está convirtiendo en una sinecura casi sin darnos cuenta; cada año se suceden un puñado reuniones con los temas de siempre, donde invariablemente sucede lo mismo salvo algún desacuerdo que dura nada, o algún logro que pasa por haberse conseguido por la presión sindical.

Todos sabemos qué es el fracaso escolar. Pero, ¿se considera fracaso escolar las nulas habilidades sociales de la que hacen gala muchos de nuestros adolescentes? Es evidente que a esta cuestión suele otorgársele importancia tangencial. Este tipo de fracaso escolar (fracaso moral) genera problemas de convivencia, más incisivos que el fracaso tradicional de suspender matemáticas o lengua. La falta de empatía crea verdaderos dictadores adolescentes. Los jóvenes que no tienen habilidades sociales tendrán problemas para controlar sus impulsos y terminarán acomodándose en la agresión física o verbal para solucionar sus conflictos, en pocas palabras tendrán problemas para aprender a ser.

Este tipo de habilidades tiene su primer y más importante lugar de asunción el seno familiar; no es posible que en una familia donde las conductas agresivas vertebren la convivencia habitual genere individuos socialmente hábiles. Si a esto sumamos la dejadez de muchas familias sobre el control educativo de sus hijos, tenemos un cóctel difícil en el que podría tener campo de actuación a la asistencia social. Por si el problema no fuera serio los responsables educativos lo complican aún más, con el excesivo proteccionismo sobre discentes y progenitores de éstos en detrimento de los docentes, los cuales tienen que torear con «pitos desde las gradas». Desde el sector judicial, en coordinación con el sector educativo y sanitario, se debería tipificar las conductas agresivas que algunos adolescentes y sus padres ponen en práctica para intervenir de formar preventiva o correctiva cuando la situación lo demande.

El fracaso escolar excesivo lesiona el eslabón que une la escolaridad obligatoria con otras superiores, lo que puede tener incidencias graves en la sociedad contemporánea, que cada vez necesita de mayor número de personas preparadas y dispuestas a nutrir la enorme diversificación del conocimiento, ya sea éste centrado en las especializaciones universitarias como en las profesionales.

Si la verdadera educación del hombre empieza varias generaciones atrás, ¿qué futuro estamos construyendo?

ALFREDO ARANDA PLATERO es vicepresidente del PIDE, el Sindicato del Profesorado Extremeño.

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